La "Vista Previa de la Muerte": cuando mirar el final ayuda a vivir el presente.

Hay técnicas dentro de la psicología transpersonal que incomodan por su nombre antes incluso de entenderlas. Una de ellas es la que Franklin Loehr bautizó como Death Preview —la "Vista Previa de la Muerte"—, una propuesta que aparece en su trabajo sobre psicografía y tanatología. En este post quiero explicar de qué trata, por qué me parece interesante y qué preguntas deja abiertas, apoyándome en el propio artículo de Loehr.

¿Qué es la psicografía?

Loehr define la psicografía como la rama de la psicología que intenta "cartografiar las fuerzas de la personalidad humana y rastrear sus orígenes". La psicología convencional ya estudió a fondo dos de esas fuentes: la herencia y el entorno. Lo que la psicografía añade es la atención a territorios menos transitados: el "empuje del pasado" —las vidas pasadas— y, en menor grado, la "atracción del futuro", lo que él llama el propósito cósmico.

Por debajo de todo esto hay una idea que me parece la más sólida del planteamiento, independientemente de lo que uno crea sobre vidas pasadas: que las propias decisiones de la persona son determinantes en su vida. Ese es el denominador común que Loehr repite.

Del recuerdo del pasado a la revisión del presente

El método parte de una práctica ya conocida en la terapia de regresión: revisar cada vida al llegar a su final. Loehr describe cómo, una vez que se establece una buena relación de trabajo entre los niveles consciente y subconsciente, es posible entrar en un estado alterado de conciencia y revisar la vida actual hasta la fecha.

Aquí hace un paralelismo interesante con la investigación sobre Experiencias Cercanas a la Muerte (Moody, Ring, Sabom): en esos relatos suele aparecer una "revisión de la vida". Lo que la regresión propone, dice Loehr, es esencialmente lo mismo que ocurre de forma espontánea en la ECM: mirar a las personas y experiencias significativas y preguntarse por qué lo son.

El giro nuevo: mirar hacia adelante.

Lo que distingue su propuesta es la proyección hacia el futuro. Tras integrar el pasado y examinar el presente, el paciente puede ser llevado a observar acontecimientos futuros y, finalmente, a contemplar su propia vida desde la perspectiva de su muerte venidera.

Loehr es honesto con los límites de esto. Reconoce que lo que se ve en esas sesiones es "más difícil de juzgar objetivamente" que el recuerdo del pasado, y advierte de un riesgo concreto: una proyección mal manejada puede producir fantasías que solo glorifican el ego. Su conclusión es sensata: eso vale para todo el trabajo con el subconsciente y subraya la necesidad de competencia profesional en quien guía el proceso.

El caso de Susan

La parte más conmovedora del artículo es el relato de Susan, una mujer de unos treinta y cinco años con un cáncer terminal inoperable, que decidió no someterse a tratamientos agresivos. Llevada primero a través de varios recuerdos de muertes en vidas pasadas, informó que revivir esas muertes había reducido su miedo a la que se aproximaba.

Después vinieron las Vistas Previas de la Muerte propiamente dichas. Según Loehr, Susan pasó de la aprensión a una anticipación serena, incluso "ansiosa", del momento de cruzar. Lo cuenta como una experiencia transformadora para ambos. Y describe algo que, más allá de las creencias de cada uno, resulta clínicamente llamativo: los visitantes notaban que había cambiado —no porque se recuperara físicamente, sino por una nueva actitud, felicidad y seguridad.

¿Por qué merece la pena leerlo con calma?

Se puede ser escéptico con el marco (vidas pasadas, estados astrales, guías y maestros) y aun así rescatar algo valioso: la intuición de que prepararse para la muerte puede cambiar la forma de habitar la vida que queda. Esa idea no depende de ninguna metafísica concreta; aparece también en los cuidados paliativos, en la filosofía estoica y en buena parte de la tradición contemplativa.

Loehr cierra recordando que estas herramientas, en manos de un terapeuta experimentado y respetuoso, pueden producir en poco tiempo resultados que antes tomaban años, y aportar una sensación más profunda de sentido. Yo añadiría una cautela: precisamente porque tocan un terreno tan íntimo y tan cargado emocionalmente, exigen prudencia, formación y respeto por la persona que se pone en tus manos.

Con Amor

Keyna M. Ruano

Este artículo es una adaptación en español basada en el texto original publicado en el Journal of Regression Therapy. El contenido ha sido reorganizado y explicado con un lenguaje accesible para facilitar su comprensión. Articulo original creado por Hazel Denning Ph D.

Anterior
Anterior

Explorar la propia muerte: lo que aprendemos cuando dejamos de temerla.

Siguiente
Siguiente

Una regresión no es perder el control. Es dejarte acompañar.