Una regresión no es perder el control. Es dejarte acompañar.

Cuando alguien me dice que le da miedo probar una regresión, casi siempre el miedo es el mismo: "¿Y si pierdo el control? ¿Y si me quedo atrapada en algo que no puedo manejar?"

Lo entiendo perfectamente. Y quiero responderte con honestidad, porque en esa pregunta hay una imagen equivocada de lo que este trabajo es en realidad.

De dónde viene esa imagen

La regresión arrastra la herencia de la hipnosis clásica: la del terapeuta autoritario que "te mete en trance" y maneja lo que ocurre mientras tú, pasiva, obedeces. Esa estampa existe en el imaginario colectivo, pero no tiene nada que ver con la forma en que yo trabajo, ni con la forma en que trabajan los terapeutas que más respeto.

Hay toda una corriente dentro de esta práctica —la humanista, inspirada en Carl Rogers y Abraham Maslow— que parte de una idea completamente distinta: lo que sana no es la técnica, es la relación. No eres un problema que hay que arreglar. Eres una persona a la que se acompaña mientras entra, con cuidado, en un rincón temido de su vida.

El terapeuta Edward Reynolds lo describe así: quizá la verdadera transformación ocurre en el espacio que se crea entre dos personas cuando una sostiene a la otra sin juzgarla. La técnica queda al fondo. En primer plano está el acompañamiento.

Cómo se cuida ese espacio (para que veas que el control es tuyo)

Me parece importante que sepas cómo se hace bien este trabajo, porque en los detalles está la tranquilidad:

Primero la confianza, siempre. Te guía una persona que conoces, no es un audio, no es cualquier persona que acabas de conocer, es alguien que te transmite confianza y seguridad.

A tu ritmo, nunca al mío. Se va despacio, tomando todo el tiempo que necesites. Hasta el lenguaje se cuida: si una palabra te resulta incómoda, se cambia. En este estado eres muy sensible a los matices, y todo se dice desde la suavidad y el sostén.

Puedes parar cuando quieras. Esto no es negociable. En todo momento tienes la libertad de detener la experiencia. Tú decides.

Un lugar seguro, antes de empezar. Se establece un refugio al que puedes volver si algo se vuelve intenso: un rincón en la naturaleza, un recuerdo feliz, un espacio protegido. Está ahí para ti todo el tiempo.

Y si en algún momento aparece algo demasiado fuerte, se usa la distancia: mirarlo como si fuera una película, en lugar de quedar dentro. Eso permite sostener incluso lo difícil sin quedar desbordada.

Lo que puede pasar cuando te dejas acompañar

Reynolds cuenta el caso de una mujer de treinta y cinco años, madre de tres hijos, con una agorafobia que ninguna terapia lograba explicar. Salir de casa la aterraba, y nadie entendía por qué.

En la regresión se encontró siendo una niña en el Londres de 1880. Un paseo en carruaje, un caballo que se asusta, el carruaje que vuelca. Perdió a sus padres ese día. Creció en un orfanato, y de adulta vivió un matrimonio sin amor y una vida marcada por la soledad. Entre lágrimas, resumió aquella vida en una frase: nunca volví a ser feliz; nadie volvió a quererme.

Su miedo a salir de casa, en esta vida, se conectaba con aquello: los caballos en la calle le recordaban la pérdida. Pero lo que de verdad se movió no fue el miedo a los caballos. Fue mucho más hondo. Al final comprendió lo que llevaba tanto tiempo cargando: soltar el miedo a amar, y atreverse a arriesgar, porque vivir en el miedo duele más que el riesgo.

Ocho sesiones. La agorafobia desapareció por completo. Seguía sin volver seis años después.

¿Y todo esto fue "real"?

Es la pregunta que quizá te estás haciendo, y te la respondo con la misma humildad con la que Reynolds la trató. Años después comprobó algunos datos en Londres: encontró el registro de una niña con ese nombre y ese año, y de un orfanato anglicano que existió donde ella lo situó. No encontró todo. Ni prueba definitiva, ni descarte.

Y aquí está lo importante: no hace falta resolver esa pregunta para sanar. Real o simbólico, lo que se movió en esa mujer fue real en sus efectos. Yo dejo esa cuestión abierta, con respeto por lo que cada persona crea. Lo que me importa no es demostrarte tu pasado. Es acompañarte a soltar lo que hoy te pesa.

Un espacio seguro, en octubre

En octubre vuelve el Círculo de Milagros, un espacio de regresión guiada en grupo. Y todo lo que te he contado en este texto es la base de cómo lo cuido.

Es un espacio completamente privado. Cámaras apagadas, micrófonos apagados. No compartes tu experiencia, no hay puestas en común, no interactúas con nadie. Estás en tu casa, en tu intimidad, en tu propio proceso, mientras yo te guío paso a paso. Lo único que se comparte es la frecuencia: la sanación se amplifica por el simple hecho de que varias personas estén meditando y vibrando a la vez, en la misma dirección.

No pierdes el control en ningún momento. Te dejas acompañar. Que es algo muy distinto.

Si esto te resuena, la puerta se abre en octubre. Contactame.

Con Amor

Keyna M. Ruano

Este artículo es una adaptación en español basada en el texto original publicado en el Journal of Regression Therapy. El contenido ha sido reorganizado y explicado con un lenguaje accesible para facilitar su comprensión. Articulo original creado por Hazel Denning Ph D.

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No hace falta que creas para que funcione.