Cuando la experiencia cercana a la muerte deja miedo, no paz.

Solemos leer las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) como relatos luminosos: el túnel, la luz cálida, la sensación de amor y de reencuentro. Pero no todas son así. Un pequeño porcentaje de personas vuelve con lo contrario —miedo, soledad, aislamiento— y arrastra durante años el trauma de haberlo vivido. La enfermera y terapeuta Joyce Strom-Paikin dedicó su trabajo a estos casos, y en su artículo Healing the Effects of Negative Near-Death Experiences Through Progression Therapy propone una vía para sanarlos. En este post lo resumo y comento.

¿Qué es una ECM "negativa"?

En la primera conferencia de la Asociación Internacional de Estudios sobre la Cercanía a la Muerte (IANDS, 1984), se clasificó como negativa la experiencia en la que la persona siente miedo, soledad, aislamiento y separación. A diferencia de la versión luminosa, quienes la viven no ven el túnel ni la luz, no perciben la presencia de otros y no regresan con esa sensación reconfortante posterior. Al contrario: quedan temiendo a la muerte y su impacto.

Según Strom-Paikin, estas experiencias representan solo entre un dos y un cinco por ciento del total, pero su huella psicológica puede ser profunda. Investigadores como Raymond Moody y Kenneth Ring también estudiaron por qué unos las viven de un modo y otros de otro.

El caso de Marie

El corazón del artículo es la historia de Marie, una enfermera que llegó a un grupo de apoyo y se derrumbó en la primera sesión contando algo que la perseguía desde hacía doce años.

Tras un choque frontal, su cuerpo quedó atrapado tras el volante mientras su marido salía despedido a decenas de metros, oculto entre la maleza. Fue declarada clínicamente muerta y permaneció así durante horas mientras la excarcelaban. En un estado fuera del cuerpo, relató después, veía cómo trabajaban sobre ella y corría desesperada intentando que alguien encontrara a su marido, sin que nadie pudiera oírla. Solo cuando por fin lo hallaron sintió alivio y "despertó" tras el volante.

Lo más duro vino después. Cada vez que intentó contarlo —incluso a su sacerdote— la medicaron y le dijeron que eran imaginaciones suyas. Vivía, además, con un miedo constante: que otra experiencia así volviera a ocurrirle cuando menos lo esperara.

La propuesta: terapia de progresión.

Aquí es donde Strom-Paikin aplica una idea tomada de la terapia de regresión a vidas pasadas, pero con un giro. En lugar de dejar a Marie atrapada en el recuerdo traumático, la guio suavemente —mediante regresión hipnótica— a través de escenas de muerte en las que sí pudo sentir la paz, ver la luz y hacer una revisión de la vida, y traer esa sensación consigo.

Costó varias sesiones. Pero cuando estuvo lista, fue proyectada hacia su propio lecho de muerte en esta vida, que percibió a los 75 años. Al ver con qué facilidad se separaba de su cuerpo esa vez, dos miedos se aliviaron a la vez: el miedo a la muerte que le había dejado su ECM negativa, y el temor a que le llegara joven y por sorpresa.

Lo que me parece valioso de este texto no depende de que uno crea o no en las vidas pasadas ni en la proyección al futuro. El mecanismo psicológico de fondo es reconocible: sustituir un guion interno de terror por uno de calma. En términos actuales se parece bastante a las terapias de reprocesamiento del trauma, donde el objetivo no es borrar lo vivido, sino cambiar la emoción asociada a ello.

También hay una denuncia implícita que sigue vigente: durante años, a Marie no la escucharon; la medicaron. Tomar en serio el relato subjetivo de quien ha rozado la muerte —en lugar de patologizarlo de entrada— es, en sí mismo, terapéutico.

Strom-Paikin concluye que aplicar esta técnica a la escena del lecho de muerte funcionó mejor que otras formas de psicoterapia tradicional en estos casos. Yo lo tomaría como una pista prometedora más que como una prueba cerrada: son experiencias raras, difíciles de estudiar, y el acompañamiento exige mucha prudencia y formación. Pero apunta a algo importante: quien vuelve del borde con miedo también merece una vía para volver a encontrar la paz.

Con Amor

Keyna M. Ruano

Este artículo es una adaptación en español basada en el texto original publicado en el Journal of Regression Therapy. El contenido ha sido reorganizado y explicado con un lenguaje accesible para facilitar su comprensión. Articulo original creado por Hazel Denning Ph D.

Anterior
Anterior

La muerte de Marie-France: acompañar a soltar cuando el cuerpo ya no sirve.

Siguiente
Siguiente

Explorar la propia muerte: lo que aprendemos cuando dejamos de temerla.