No hace falta que creas para que funcione.

Lo que un estudio con fobias reveló sobre las vidas pasadas.

Quiero empezar por donde casi nadie empieza cuando habla de vidas pasadas: reconociendo tu duda.

Si has llegado hasta aquí pensando "yo no creo en la reencarnación", quédate. Este texto es especialmente para ti. Porque hay un estudio clínico que dice algo que a mí me parece de lo más liberador: para que este trabajo te ayude, no necesitas creer en nada.

Un experimento con personas que ya lo habían intentado todo.

En los Países Bajos, el hipnoterapeuta Johannes Cladder hizo algo poco romántico y muy honesto. En lugar de buscar historias bonitas, quiso comprobar si la regresión servía para tratar fobias difíciles: esos miedos que resisten, que no ceden, que han sobrevivido a tratamiento tras tratamiento.

Trabajó con 30 personas con fobias serias. El 80% ya había pasado antes por psicoterapia sin resultado. Algunas incluso habían estado hospitalizadas. No eran casos fáciles. Eran, justamente, las personas a las que "nada les había funcionado".

Y un detalle que me importa mucho: nunca les decían "vas a ir a una vida pasada". Solo les acompañaban al origen de su miedo. Era la propia persona quien llegaba —o no— a una escena que sentía de otro tiempo.

Lo que pasó (y por qué me parece tan interesante)

De las personas sin compulsiones graves, 8 de cada 10 mejoraron, en un promedio de once sesiones. Rápido, para tratarse de fobias que llevaban años sin ceder.

Pero el dato que de verdad quiero que te lleves es este:

El 70% de quienes mejoraron situó el origen de su miedo en una vida anterior. No en su infancia. No en un trauma de esta vida. En algo que sentían venir de mucho antes.

Y aquí viene lo importante para alguien escéptico: creer o no creer en la reencarnación apenas cambiaba nada. Antes de empezar, cuatro de cada diez decían directamente que no creían. Y aun así, la mitad de esas personas incrédulas terminó encontrando la raíz de su miedo en otra vida. El concepto resultó especialmente útil precisamente para quienes ya habían fracasado con las terapias de siempre.

Entonces, ¿es real o no?

Es la pregunta que seguramente te estás haciendo. Y quiero responderte con la misma honestidad que tuvo ese estudio.

Uno de los terapeutas que aparece en la investigación, Gerald Edelstien, no cree en la reencarnación y se lo dice a sus pacientes. Aun así, observaba que estas experiencias producían mejoría casi siempre. Su reflexión fue muy sensata: si unas pocas sesiones logran más que dos años de análisis tradicional, quizá el problema no sea la técnica, sino nuestras objeciones a ella.

No te pido que decidas si viviste otra vida. Esa pregunta la dejo abierta, con humildad. Lo que sí sé, por la experiencia y por los datos, es que cuando llegas a la raíz de eso que te condiciona —le pongas la etiqueta que le pongas— algo se libera.

Porque una regresión no es una prueba judicial de tu pasado. Es una meditación en forma concentrada que va directa a la raíz. Un estado natural y accesible en el que puedes mirar de frente aquello que se repite en tu presente por mucho que te esfuerces en soltarlo.

Si sientes que algo de tu pasado sigue apareciendo hoy

Un miedo que no controlas. Una reacción desproporcionada que no sabes de dónde viene. Un patrón que vuelve con distintas caras. Ese "algo" que arrastras y que ninguna explicación termina de tocar.

No necesitas creer en nada para empezar a mirarlo. Solo necesitas darte el espacio.

Con Amor

Keyna M. Ruano

Este artículo es una adaptación en español basada en el texto original publicado en el Journal of Regression Therapy. El contenido ha sido reorganizado y explicado con un lenguaje accesible para facilitar su comprensión. Articulo original creado por Hazel Denning Ph D.

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