Cuando el cuerpo recuerda: la vida pasada que un médico revivió corriendo.
Solemos imaginar la regresión como algo que ocurre tumbados, con los ojos cerrados y una voz que nos guía hacia dentro. Pero hay una idea que atraviesa esta terapia y que a veces olvidamos: el subconsciente no siempre necesita un diván para abrirse. A veces se abre en movimiento, en el silencio, cuando la mente por fin deja de vigilar. El psiquiatra Marshall Gilula lo cuenta en primera persona en su artículo Past-Life Recall While Running, publicado en el Journal of Regression Therapy. Aquí lo resumo y lo comento.
Una memoria que llegó corriendo
Gilula arrastraba desde niño un problema respiratorio serio: asma grave, neumonías frecuentes. Años de psicoanálisis durante su formación como psiquiatra no lo resolvieron; tampoco otras terapias ni la meditación diaria. Buscando alivio, empezó a correr —hora y media al día— y descubrió algo inesperado: en esa práctica repetida, casi meditativa, empezaban a aflorar imágenes de otra vida.
Lo interesante es su punto de partida, tan honesto viniendo de un hombre de ciencia: "no es necesario tener una inducción hipnótica formal ni una meditación sentada para recordar material de vidas pasadas". Para él, correr se convirtió en la puerta.
La figura sin rostro
Durante años, meditando, Gilula había percibido una presencia: una figura masculina, alta, de brazos cruzados y actitud serena, pero sin cabeza visible. Solo la captaba de reojo, en un estado especial. Varios videntes le dijeron lo mismo: "es uno de tus guías, está para ayudarte". La explicación le sirvió durante un tiempo.
Hasta que un día, corriendo y repitiendo un mantra tibetano, su voz empezó a cambiar, a salir más grave, más gutural. Y de pronto, escribe, él era esa figura. Supo con una certeza extraña que había sido un viejo monje tibetano. Sentía incluso la capucha de piel sobre su cabeza y las arrugas de su rostro. La información antigua, la que había descartado como fantasía, encajaba de golpe.
Lo que el cuerpo llevaba guardado
En los días siguientes, como piezas de un puzle que caen en su sitio, se reveló el final de aquella vida. No fue amable: el monje sufrió una muerte violenta —fue torturado, enterrado vivo y, finalmente, encerrado en un tonel lleno de salmuera—. Su última consciencia fue la de un líquido muy salado entrando en su pecho, mientras una luz blanca se hacía cada vez más intensa.
Y aquí está lo que hace de esta historia algo más que un relato curioso. Gilula cae en la cuenta de que esa sensación de líquido en el pecho era el fondo de su problema respiratorio de toda la vida. Al empezar a atravesar esas imágenes con calma, sin dramatismo, sintió que algo se destrababa: "las energías vitales empezaron a fluir con más fuerza por mi sistema, como si se hubiera superado un punto de bloqueo". No hubo un "¡ajá!" espectacular. Fue gradual, a trocitos, como había llegado la memoria. Pero su respiración cambió.
Él subraya un detalle que a mí me parece clave: lo vivió con desapego. No se revolcó en el horror; lo observó. Y precisamente esa distancia serena fue, para él, la señal de que aquello era un recuerdo genuino y no una fantasía morbosa.
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Se puede ser escéptico con el marco: vidas pasadas, monjes, guías y aun así quedarse con algo que la ciencia confirma cada vez más: el cuerpo guarda lo que la mente no ha terminado de elaborar. Que un problema físico de décadas empiece a ceder cuando la persona por fin mira la raíz de lo que carga no es magia; es lo que la medicina mente-cuerpo lleva tiempo observando.
A mí me conmueve, además, otra cosa: no hizo falta un método complicado. Hizo falta repetición, silencio y permiso para que saliera lo que tenía que salir. Eso es, en el fondo, lo que hace la regresión —tumbados o corriendo, da igual, crear un estado seguro donde el subconsciente se atreve a mostrar lo que guarda, para poder soltarlo, pero personalmente se que tumbado puede resultar todo mas fácil.
No lo tomes como una promesa de curación ni como un sustituto de tu tratamiento médico; los relatos de un solo caso no son una prueba cerrada. Tómalo como lo que es: una invitación, esperanzadora y bien fundamentada, a mirar más adentro. Porque muchas veces, lo que el cuerpo no suelta es, sencillamente, algo que todavía no ha sido mirado.
Un espacio para vivirlo: el Círculo de Milagros
Estos textos no están hechos solo para leerse, sino para vivirse en compañía. Por eso he creado el nuevo Círculo de Milagros: sesiones grupales de regresión, online, para explorar el subconsciente, comprender lo que se repite en tu vida y acompañar procesos de sanación desde la raíz.
No es una experiencia puntual, sino un proceso que se sostiene en el tiempo. La regresión no ocurre cuando la mente quiere, sino cuando el cuerpo y el sistema nervioso se sienten seguros. Por eso funciona como un círculo: vuelves una y otra vez, sin presión, dejando que la confianza se construya de forma natural. No necesitas experiencia previa ni creer en nada concreto: solo curiosidad y ganas de mirar hacia dentro con calma.
El miércoles 16 de septiembre, a las 20:30 (hora de España) hago una sesión abierta y gratuita del Círculo de Milagros: una regresión grupal en directo para que lo experimentes tú misma, sin ningún compromiso. Es online, con la cámara y el micrófono apagados, y no necesitas experiencia previa.
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Con Amor
Keyna M. Ruano
Este artículo es una adaptación en español basada en el texto original publicado en el Journal of Regression Therapy. El contenido ha sido reorganizado y explicado con un lenguaje accesible para facilitar su comprensión. Articulo original creado por Hazel Denning Ph D.